Sentimientos
Arithon | Publicado un
martes, febrero 5, 2013 at 6:27PM Hay sentimientos que no pueden ponerse en palabras. No, me equivoco. Las palabras sobran, son demasiado amplias para describir algo tan acotado pero tan fuerte como es el sentimiento humano (humano, porque es el único que conozco).
Poder decir o escribir las palabras a veces crea situaciones. A veces genera cosas fuera de su propia realidad de palabras, de una simplificación del mundo que se hace para que otras personas distintas a nuestra propia subjetividad nos entiendan. Una orden, por ejemplo, muchas veces genera una acción en cumplimiento de ella. Leer ciertas palabras, ciertas frases, cierto texto, genera sentimientos en la gente. Ellos son externos, la mayoría de las veces, de lo que el texto quiso decir.
Es por ello que las palabras faltan y sobran. Lo que el autor quiso decir con algo escrito es casi imposible de saber sin estudiar minuciosamente su contexto, y aún así fallamos. Podemos intentar ponernos en el lugar del autor, pero no somos él, no conocemos cada circunstancia que rodeaba su vida y que formaba su subjetividad, su ser, él mismo.
Las palabras faltan, porque no cumplen el cometido del autor de transmitir lo que él siente, o causar lo que quiere hacer sentir. Las palabras sobran, porque nos generan sentimientos que el autor no necesariamente sintió o quiso transmitir. El lenguaje, como tal, es inadecuado y falla cuando se trata de temas tan subjetivos, tan parte de cada individuo. Así como se señala que la experiencia no se puede transmitir… ¿Será imposible transmitir sentimientos?
Es algo más allá de lo imposible. Como individuos somos diferentes. No se puede transmitir algo que nace sólo para nosotros, que nace en cada uno en forma distinta, única. Eso es lo bonito de los sentimientos, son nuestros.
Puedo ir más allá aún. Tal vez lo mejor de los sentimientos es que no pueden ser transmitidos tal y como son. El autor genera cosas más allá de su intención, nos hace sentir cosas propias y crea algo único para cada uno que lo lee. Tal vez incluso no genere nada. Y eso, más allá de la intención del autor, es algo bonito y digno de ser preservado.


