Caminata
Jesght | Publicado un
martes, junio 23, 2009 at 12:42AM No estoy acostumbrado a caminar. Mis paseos son cortos e inútiles, tan solo traslados entre mi destino y el mundo. Los pasos rebotando sobre el pavimento me cansan, me hacen sentir que la distancia es infinita, o tal vez irrelevante. El tiempo parece perderse en viajar hacia alguna parte, hacia ninguna parte, en una búsqueda que jamás va a terminar. Caminar para mí es perderse en meditaciones, pensar en todo lo que veo, en cada raya sobre el camino… es mirar a mi alrededor, siempre hacia abajo, sin poder ver bien mis pies, esquivando las roturas de la vereda. El viento entonces se siente en los días fríos en los que el sol parece iluminar de a poco. Siempre son las mismas casas, las mismas calles, el mismo gris. La mirada, sin embargo, rehúsa a ser capaz de mirarlo todo, de lograr la concentración absoluta, de recordar como una fotografía. Cada día hay nuevos elementos, nuevas personas que clavan sus ojos sin saber quien está al frente, quien los mira. A veces un gato camina conmigo y me sigue sin saber que quiero conocerlo todo, saber quién es cada persona, cada animal que veo. Quiero saber y me niego a hacerlo. Mi mirada es esquiva, mi saludo frío y distante. Admito que tengo miedo, que el rechazo me aleja de quienes no conozco, que a veces quisiera ser invisible, la irreal cámara fotográfica, el narrador omnisciente, el que lo determina todo, cuando tan solo me alcanza para ser un personaje, sin pretensiones, secundario o terciario, en la vida de otra persona.
No estoy acostumbrado a caminar. Mis paseos son cortos e inútiles, tan solo traslados entre mi destino y el mundo. Los pasos rebotando sobre el pavimento me cansan, me hacen sentir que la distancia es infinita, o tal vez irrelevante. El tiempo parece perderse en viajar hacia alguna parte, hacia ninguna parte, en una búsqueda que jamás va a terminar. Caminar para mí es perderse en meditaciones, pensar en todo lo que veo, en cada raya sobre el camino… es mirar a mi alrededor, siempre hacia abajo, sin poder ver bien mis pies, esquivando las roturas de la vereda. El viento entonces se siente en los días fríos en los que el sol parece iluminar de a poco. Siempre son las mismas casas, las mismas calles, el mismo gris. La mirada, sin embargo, rehúsa a ser capaz de mirarlo todo, de lograr la concentración absoluta, de recordar como una fotografía. Cada día hay nuevos elementos, nuevas personas que clavan sus ojos sin saber quien está al frente, quien los mira. A veces un gato camina conmigo y me sigue sin saber que quiero conocerlo todo, saber quién es cada persona, cada animal que veo. Quiero saber y me niego a hacerlo. Mi mirada es esquiva, mi saludo frío y distante. Admito que tengo miedo, que el rechazo me aleja de quienes no conozco, que a veces quisiera ser invisible, la irreal cámara fotográfica, el narrador omnisciente, el que lo determina todo, cuando tan solo me alcanza para ser un personaje, sin pretensiones, secundario o terciario, en la vida de otra persona.


